lunes, 22 de mayo de 2017

¿Quiénes escriben los discursos de los políticos?



Detrás de las grandes figuras políticas, hay orfebres de las palabras, albañiles de discursos, forjadores de conceptos, fabricantes de revestimientos intelectuales que, en ocasiones, llegan a acuñar ideas-fuerza o imágenes poderosas llamadas a perdurar. Y es que no todas las palabras de los discursos, mítines y conferencias políticas se las lleva el viento de la historia; algunas continúan en nuestra memoria porque crearon huella en contextos singulares y conservan el sentido decenios después.

Ahí está la ensoñación de Martin Luther King: “Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde serán juzgados no por el color de su piel, sino por su carácter”; la descarnada confesión de Winston Churchill ante el Parlamento británico: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”; la reconvención de John F. Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”; la exhortación de Ronald Reagan a Mijaíl Gorbachov ante la puerta de Brandeburgo: “Derribe ese muro”.

Son frases-sentencia que han quedado indefectiblemente asociadas a quienes las pronunciaron. Aunque, en realidad, casi ninguna de ellas nació de sus mentes ni cobró forma en sus manos. Ennoblecieron y encumbraron a esas personalidades, a veces de forma inmerecida, pero fueron creadas por escritores especializados en discursos. Las imágenes de la serie House of Cards que muestran a Frank Underwood (Kevin Spacey) construyendo laboriosamente su arenga presidencial resultan improbables dado que las celebridades políticas carecen del tiempo material suficiente para hacer frente a sus múltiples compromisos discursivos y, a menudo, tampoco poseen las cualidades necesarias. Eso no significa que carezcan de talla política.

Hay buenos políticos poco cultivados y torpes de expresión, de la misma manera que existen pésimos gobernantes que disponen del “poder retórico”. De hecho, ni Adolfo Suárez escribía -sus mejores frases salieron de la pluma de Fernando Ónega- ni tampoco lo hacía John F. Kennedy.

Pensemos en España y en las intervenciones públicas del Rey, el presidente del Gobierno, los ministros y altos cargos institucionales, los líderes políticos y hasta los alcaldes de los grandes municipios. Lo habitual es que supervisen los borradores que les presentan y, en todo caso, efectúen algún retoque o modificación. ¿Saben los españoles que ninguno, prácticamente, de los discursos y manifestaciones políticas de alcance que han escuchado a lo largo de su vida fueron construidos por quienes los pronunciaron?

Desde el “Puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez en la Transición hasta el último discurso de Navidad del rey Felipe, pasando por “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir” del rey Juan Carlos tras su cacería en Botsuana; el “Váyase, señor González”, “España va bien” de José María Aznar; “No estamos tan mal” de Rodríguez Zapatero en el congreso del partido que le aupó a la secretaría general del PSOE; “la niña de Rajoy”, y “asaltar los cielos” de Pablo Iglesias.

¿Quiénes son estos escritores, denominados 'negros', en el argot literario español, logógrafos, como prefieren ser llamados los actuales fabricantes de discursos, ghostwriter (escritor fantasma) o speechwriter (escritor de discursos) en el habla anglosajona, que adaptan su talento y genio creativo para ponerse en la piel de los dirigentes políticos y mimetizarse en sus pensamientos? ¿Y quién es el verdadero creador del discurso? ¿El que lo escribe o el que lo pronuncia con ligeras modificaciones o sin ellas? Aunque se trata de un secreto a voces, muchos de los políticos de nuestro país, y de latitudes geográficas o culturales-lingüísticas cercanas, reaccionan con aprensión ante la posibilidad de que se conozca a sus suministradores de palabras.

“Si le indicara para qué políticos he trabajado, dejarían de solicitar mis servicios”, señala el asesor de comunicación David Redoli. “Prefiero no hablar. A los políticos para los que he trabajado les molestaría que se supiera que ellos no escribían sus discursos”, indica otro logógrafo en activo. El tabú persiste, como si admitir estas ayudas resultara vergonzante, algo que conviene mantener en la penumbra, no vaya a socavar el crédito, la capacidad y posición del personaje. Al contrario de lo que ocurre en el mundo anglosajón, estos asesores viven entre nosotros bajo la sombra del anonimato, sin aplauso ni reconocimiento público y hasta negados en su existencia.

¿Alguien conoce al escritor de discursos de Felipe VI que más se prodiga en las intervenciones ordinarias? Se llama Frigdiano Álvaro Durántez Prados, tiene 47 años, es doctor en Ciencias Políticas y autor de varios trabajos sobre la creación de un espacio de 'paniberismo' multinacional de los países de lenguas ibéricas u originarias de la península Ibérica. En La Moncloa, donde se supervisan previamente los textos que lee el Monarca, se elogian los escritos que envía La Zarzuela, pero se niegan a desvelar la identidad del joven y cultivado asesor del Rey.

“Los textos de la Casa Real suelen estar impecablemente escritos”, afirma Jorge Moragas, director del Gabinete de Presidencia del Gobierno. “Casi nunca requieren de enmiendas, solo en contadas ocasiones les hacemos alguna sugerencia”. Frigdiano Álvaro Durántez apunta: “Solo soy un asesor más, éste es un trabajo de equipo. El Rey es un hombre extraordinario, con conciencia y amplios conocimientos. Los discursos son suyos, él no necesitaría que se los elaboraran”.

En Estados Unidos es bien sabido que el actual guionista de Hollywood Jon Favreau ha sido uno de los colaboradores más preciados de Barack Obama. Nadie duda de que el historiador y filósofo Arthur Schlesinger y el abogado Ted Sorensen agrandaron la figura de John Fitzgerald Kennedy. Y que la periodista británica Charlie Fern escribió para George W. Bush esta promesa incumplida: “Lean mis labios; no más impuestos”.

A nadie se le escapa al otro lado del charco que la también periodista Margaret Ellen Noonan, Peggy, dio a Ronald Reagan los párrafos más notables de sus intervenciones. Y en latitudes más cercanas, Philip Collins, periodista y ejecutivo de banca, cuenta en conferencias sus años como asesor de discursos del expremier británico Tony Blair; es de dominio público que Michael Dobbs, el autor de House of Cards, escribió precisamente para Margaret Thatcher discursos que la Dama de Hierro no siempre apreció; o que el diputado Henri Guaino es el autor de la polémica frase “África no ha entrado en la historia” que el expresidente de la República Francesa Nicolas Sarkozy pronunció en Dakar.

Guaino no ha sido el único asesor capaz de arruinar un discurso político. Basta recordar los “miembros y miembras” de Bibiana Aído y los “hilitos con aspecto de plastilina” que según Mariano Rajoy, entonces portavoz del Gobierno, salían del petrolero Prestige cuando se hundió en 2002 tras partirse en dos frente a la costa de Galicia. Los desaciertos y errores parecen avalar la tesis de que el autor último del discurso es quien lo asume como propio y lo pronuncia a riesgo de ser penalizado con el descrédito.

“No soy el autor del optimismo antropológico de ZP (José Luis Ro­dríguez Zapatero, expresidente del Gobierno): hay crímenes que cometen los 'negros' y otros que cometen los jefes de los negros”, bromea el diputado José Andrés Torres Mora. “El código de los 'negros' establecido en España nos impide aparecer. Está muy mal visto que hablemos. Si lo haces, te machacan llamándote engreído y vanidoso, mientras que el 'negro' de Bill Clinton publica un libro con sus discursos y a todo el mundo le parece normal. Aquí se supone que los políticos tienen que saber de todo”. A juicio de Torres Mora, está claro a quién corresponde la autoría del discurso: “Yo no puedo cargar con la gloria ajena. José Luis dijo que yo le había ayudado en los discursos sobre la guerra de Irak, pero eran suyos porque las emociones eran suyas y el que se la jugaba era él”.

Todos los presidentes del Gobierno en España han contado con escritores, aunque en el caso de Felipe González podía muy bien ocurrir que, fiándose de su facilidad para la oratoria y la improvisación, se limitara a ojear los borradores que le preparaban los politólogos del partido José Enrique Serrano, Julio Feo, Enrique Guerrero o el mismo Jorge Moragas, entonces asesor de protocolo de La Moncloa y ya iniciado en el campo del discurso.

José María Aznar contó con los oficios del diputado Carlos Aragonés; del entonces secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos; del diputado Gabriel Elorriaga; del politólogo Pedro Arriola y del propio Jorge Moragas. “En uno de los discursos de Aznar sobre la situación vasca, nos inspiramos en la película El Padrino III y pusimos en boca del presidente algo así como: “Tienen un concepto de la política como la del Padrino: piensan que la política es saber cuándo hay que apretar el gatillo”, recuerda Moragas. Al asesoramiento de los politólogos del PSOE, Zapatero sumó al experto en comunicación Miguel Barroso, a su primo y profesor de Derecho José Miguel Vidal Zapatero y a José Andrés Torres Mora, entre otros.

¿Y quién le escribe a Mariano Rajoy? Nexo común circunstancial en el asesoramiento de tres presidentes, Jorge Moragas rompe ahora con el tabú de la reserva y señala a los periodistas Ignacio Peyró, José Ramón Barros y José Sánchez Arce. Conforman la llamada “unidad de discursos” de la Presidencia. Un equipo que reporta sus borradores al mismo Moragas y al jefe de gabinete, Abelardo Bethencourt, y estos los revisan o enmiendan. “Somos una fábrica de papel. También reescribimos los informes técnicos que nos vienen de los ministerios en cuestiones sectoriales. El presidente pronuncia al año más de un centenar de intervenciones a las que hay que sumar las de partido”, explica Moragas. A Rajoy le gusta disponer de los textos con antelación para hacer aportaciones, especialmente en temas económicos. “En eso es hasta maniático”, añade Moragas. “¿El estilo de Rajoy? Nada de florituras, ni licencias poéticas; prefiere un lenguaje sencillo y claro de frases cortas, sin grandes subordinadas y con cadencias cómodas de lectura. En lo escrito es menos irónico y elíptico, menos marianista, que en el habla”.

Los asesores de comunicación del palacio de la Zarzuela saben bien que el único discurso real que vale es el que el Monarca pronuncia efectivamente. De ahí, la advertencia: “¡Ojo, solo tiene validez cuando lo lea!”, que acompaña a los textos repartidos con antelación. A diferencia de su padre, Felipe VI improvisa y ajusta en función de las intervenciones que le preceden. “Es meticuloso, corrige y hace anotaciones en los textos”, señala una persona vinculada a la Casa del Rey. “El Gobierno no quita casi nada de sus borradores salvo en el discurso navideño, porque ahí suele pretender que el Rey pondere más los logros y transmita mayor optimismo”.

La Zarzuela tiene a su disposición a los funcionarios de la Administración del Estado y a las embajadas para recabar datos e informes, pero los discursos de enjundia y calado acostumbran a encargarse a especialistas en la materia. Francisco Tomás y Valiente, jurista asesinado por la banda terrorista ETA en 1996, y el ensayista Pedro Laín Entralgo escribieron muchos discursos para la Casa Real. Como también lo han hecho los presidentes de las Academias de la Lengua y de la Historia; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha; los diplomáticos Alberto Aza, Ricardo Díez-Hochleitner y Alfonso Sanz Portolés. “Hay directores de periódico y exministros que han escrito para el Rey, pero Felipe VI tiene también amistades en el ámbito cinematográfico que colaboran gustosos con él”, prosigue la misma fuente. “No me imagino a ninguna de esas personas pidiendo ser remuneradas; todo lo más desearían ser distinguidos con una audiencia, una condecoración”.

En paralelo, cada vez afloran más asesores de comunicación autónomos, como Fran Carrillo (La Fábrica de Discursos), Daniel Ureña (Mas Consulting), Luis Arroyo, David Redoli o María José Canel. Trabajan, indistintamente, para partidos y empresas. Los políticos españoles siguen primando la complicidad ideológica. “Haya o no afinidad política, lo importante es que el escritor conecte con el orador y sepa embellecer sus palabras, dotarlas de historia, garra y expresiones para cosechar el aplauso”, explica Luis Arroyo, que en su día trabajó en la campaña triunfante de Zapatero y para la exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. “Aplicamos el método teatral: dos o tres actos, cuatro máximo, y jugamos con las anáforas, las aliteraciones, las antítesis y las listas de tres -al modo ‘Dios, patria, justicia’- que ya practicaban los antiguos griegos. Esto es un arte. No se improvisa”.

Para el responsable de discurso de Podemos, Jorge Moruno, 34 años, asesor de Pablo Iglesias desde los tiempos en que empezó a darse a conocer en la televisión, el discurso político es inseparable del análisis. Moruno otorga un significado fundacional al discurso de La marcha del cambio del 31 de enero de 2015. “La expresión ‘asaltar los cielos’ es de Carlos Marx y la frase ‘hay que creer en nuestros sueños con la obligación de llevarlos a cabo’ está tomada de la Revolución Francesa. ¿Que si Iglesias y Errejón modifican mucho los borradores que les pasamos? Son buenos comunicadores, revisan e incorporan sus cosas”.

José Luis Zubizarreta fue asesor del lehendakari vasco José Antonio Ardanza y hace honor al principio de que la grandeza de un discurso debe sostenerse en los valores, apuntar alto y llegar al corazón. Comparte con Ardanza el mérito de haber acuñado conceptos hasta entonces inéditos en el nacionalismo vasco. Suyos son el razonamiento autocrítico “los nacionalistas hemos creído que los vascos éramos solo nosotros”; la aseveración de que el problema de ETA no era un problema de España contra Euskadi, sino “de vascos y entre vascos”; así como la declaración “de ETA nos separan no solo los medios, sino también los fines” que abrió paso al Pacto de Ajuria Enea.

El exlehendakari figura en la selección de los 100 discursos más interesantes de la historia española realizada por el historiador Antonio Rivera porque ante la Asamblea General del PNV (Partido Nacionalista Vasco) y en el contexto del Pacto de Lizarra, explicó que el terrorismo de ETA no era el resultado de ningún conflicto, sino el fruto de una mentalidad totalitaria. Aquello suponía atacar la buscada comunión entre el PNV y el abertzalismo violento. La trayectoria de Zubizarreta viene a avalar la trascendencia de los contenidos por encima del marketing.

A la satisfacción silenciosa con que los escritores de discursos ven sus palabras brotar de la boca de los políticos, algunos pueden añadir el galardón de haber contribuido a la difusión de los valores.

José Luis Barbería
El País Semanal, 26 de febrero de 2017.

Foto: Barack Obama con Jon Favreau, su escritor de discursos, hoy guionista de Hollywood. Realizada por Pete Souza, quien fuera el fotógrafo oficial de la Casa Blanca durante los ocho años de la presidencia de Obama (20 de enero 2009-20 enero 2017). Tomada de El País Semanal.

jueves, 18 de mayo de 2017

Las otras Cecilia de la Iglesia del Ángel



Es probable que ninguna de las cuatro chicas, parlanchinas y a la caza de los turistas extranjeros que almuerzan o beben unas copas en bares y paladares de la zona, sentadas frente a la Iglesia del Santo Ángel Custodio, en Compostela entre Chacón y Cuarteles, Habana Vieja, hayan leído Cecilia Valdés, del escritor Cirilo Villaverde.

Probablemente tampoco hayan reparado en una figura de bronce, a pocos metros de donde charlan. La estatua, realizada por Erig Rebull, fue situada en el exterior de la iglesia creada en 1690 por el Obispo de Compostela, como era conocido el obispo Diego Evelino Hurtado Vélez. Desde fines de 2014, recuerda a la mulata más universal de la literatura cubana.

Cecilia Valdés, la obra cumbre de Villaverde, fue escrita en dos partes en 1839 y publicada completa en 1879 en la ciudad de Nueva York. También así se nombra una de las zarzuelas más conocidas del maestro Gonzalo Roig. Y en 1982, el director Humberto Solás la llevó al cine con la actriz cubana Daisy Granados en el papel de Cecilia y el actor español Imanol Arias en el de Leonardo.

Para aquéllos que desconozcan la novela, una sinopsis: la hermosa mulata Cecilia, ignora que es hija ilegítima del rico español Cándido de Gamboa, pero Leonardo, hijo de Cándido, desconoce que Cecilia es su media hermana, se enamora de ella y la convierte en su amante. Mientras, el mulato José Dolores Pimienta ama a Cecilia sin ser correspondido. Presionado por los convencionalismos sociales, Leonardo abandona a Cecilia y se casa con la aristócrata Isabel Ilincheta. Al concluir la boda, Pimienta, alentado por los celos de Cecilia, mata a Leonardo. Cecilia, quien ha tenido una hija con Leonardo, es recluida en el Hospital de Paula. Allí reencuentra a su madre, que recupera la razón perdida y reconoce a su hija antes de morir.

Un culebrón como el de Cecilia Valdés siempre atrapó al lector promedio en Cuba. Pero en los últimos años, sobre todo entre los jóvenes, la lectura es casi una excentricidad. Para las jineteras sentadas frente a la Iglesia del Ángel, las historias de amor son cosas del pasado.

Una de ellas, luego de chapurrear en italiano con su teléfono inteligente, le cuenta a sus colegas: “Me dijo mi ‘novio’ que esta noche hay fiesta. Que busque dos o tres chicas y vayamos pa’l bar Sarao. Parece que hoy es día de suerte”.

Una responde: “Falta que me hace. Le debo 150 chavitos (cuc) a una señora que vende ropa y antes que se acabe el mes debo pagar el alquiler donde estoy parando”. Otra dice que lleva una semana sin hacer el pan. "Si vuelvo a llegar a casa sin dinero, mi marido me parte la cabeza en dos mitades. Ojalá que el negocio se dé esta noche”.

La supuesta novia del turista italiano da detalles. “El tipo anda con una pila de socios suyos que son unos locotes. Polvo, hierba, cerveza y fiesta. Socias, sin complejo, a ellos les gusta los cuadros de tortilla y cambiar de pareja”.

Ninguna pone reparo y comentan que van a sus casas para acicalarse. Antes, una le dice a su amiga: “Oye, préstame el vestido rojo escotado y las puyas negras pa'verme matadora”.

En esta zona de La Habana antigua, cuna del proxenetismo, la picaresca y venta de drogas, es habitual observar a jineteras y pingueros en plena faena o haciendo planes en voz alta.

Pocos se detienen a contemplar la Iglesia del Santo Ángel Custodio o la efigie de bronce de Cecilia Valdés. Para los que viven del sexo, el amor es una novela de ficción. Poco más.

Texto y foto: Iván García

lunes, 15 de mayo de 2017

Recordando a Gonzalo Roig


Julio Gonzalo Elías Roig Lobo nació en La Habana el 20 de julio de 1890. Desde niño se vio obligado a combinar sus estudios con el trabajo, para mantener el hogar que compartía con su abuela. Laboró como ayudante de cantina y como pianista en cines habaneros que proyectaban películas mudas.

En la Asociación de Dependientes de Comercio de la Habana, donde inició su aprendizaje musical, fue alumno de Agustín Martín Mullor, y más tarde de Gaspar Agüero, en las asignaturas de solfeo, teoría y piano. Su maestro de violín fue Vicente Álvarez Torres. Posteriormente estudió armonía, fuga y composición con Fernando Carnicer.

Inició su carrera profesional en 1907 cuando, como pianista, se incorporó a un trío que tocaba en el cinematógrafo Montecarlo. Ese año compuso su primera obra musical, una canción titulada La voz del infortunio, para canto y piano. Como violinista integró las orquestas de los teatros Irijoa y Neptuno, y trabajó como contrabajista en los teatros Molino Rojo, Politeama y Miramar Garden. En 1910 ya formaba parte de la sección de música de la Academia de Artes y Letras.

En 1911 compuso su canción más famosa, la criolla-bolero Quiéreme mucho, inicialmente titulada Serenata Cubana, que estrenó el tenor Mariano Meléndez. La primera parte de la letra pertenece a Ramón Gollury (quien firmaba con el pseudónimo Roger de Lauria), y la segunda a Agustín Rodríguez, libretista español radicado en La Habana. La pieza fue incluida en la obra El servicio obligatorio, puesta en la escena del Teatro Alhambra. El joven Roig conduciría la orquesta de ese coliseo por una temporada completa, tras haber debutado como director en la zarzuela Bohemios.

En 1917 viaja a México por un contrato con la compañía de la famosa actriz María Guerrero, que fue de gran utilidad en el enriquecimiento de su experiencia en la escena. En 1921 condujo la orquesta del viejo teatro Campoamor, y cuando los músicos se declararon en huelga, la agrupación comenzó a ofrecer conciertos gratuitos, dirigidos por Roig, en el Parque Central, para exteriorizar su protesta.

El 2 de julio de 1922 fue electo por unanimidad director de la Sociedad de Conciertos de La Habana, que nació sin recursos económicos, ni más apoyo que el entusiasmo de los músicos que la integraban, en especial los maestros Ernesto Lecuona y César Pérez Sentenat. De esa sociedad surgió -tras duros ensayos, pues Roig era un director sumamente exigente- la Orquesta Sinfónica, que debutó el 29 de octubre del mismo año en el Teatro Nacional, hoy Gran Teatro de La Habana.

En 1927 fue nombrado director de la Escuela de Música de La Habana y de la Banda Municipal que, gracias a su dirección, pudo funcionar como orquesta acompañante. En ese mismo año hizo sus primeras incursiones radiofónicas, al dirigir la orquesta de la emisora CMBY, La Casa de las Medias, en la calle Infanta 159.

En 1929 fundó la Orquesta de Cámara Ignacio Cervantes, y el compositor matancero Aniceto Díaz, creador del danzonete, le dedicó la primera pieza del género: Rompiendo la rutina. En 1930 visitó la ciudad de Washington, en Estados Unidos, invitado por la Unión Panamericana, y dirigió con gran éxito bandas norteamericanas en un repertorio de música cubana. Al año siguiente, los vaivenes políticos que padecía la república hicieron que perdiera su puesto de director de la Banda Municipal.

Sin abandonar su responsabilidad al frente de la Orquesta Sinfónica, con Agustín Rodríguez organizó en el Teatro Martí una compañía de teatro vernáculo que se mantuvo durante cinco años y cinco meses, durante los cuales se estrenaron las mejores zarzuelas cubanas. La orquesta de la compañía era dirigida por Roig y Rodrigo Prats.


De esa temporada data su obra maestra, la zarzuela Cecilia Valdés, que se estrenó el 26 de marzo de 1932, con la soprano mexicana Elisa Altamirano en el papel protagónico. A pesar del convulso clima político que vivía La Habana en aquellos días, cuandoen el gobierno de Gerardo Machado se tambaleaba por la presión popular, la obra alcanzó cien representaciones seguidas. Ese mismo año, al escenario del Martí subieron también las zarzuelas El jibarito y El clarín, de Roig; El cafetal y María la O, de Lecuona; Soledad, de Rodrigo Prats, y La tía de Pernambuco, de Jorge Anckermann, entre otros estrenos y reposiciones.

En 1933, en la cartelera del mismo teatro aparecieron Las siete capitales del pecado, de Eliseo Grenet; El mayoral y El año terrible, de Prats; Piernas al aire, de Anckermann; La tierra de Venus, de Lecuona, y El patio de los tulipanes y La hija del sol, de Roig. Ese año cayó por fin la dictadura machadista y Roig fue restituido como director de la Banda Municipal, pero en ese momento decidió no aceptarlo.

En 1934 se estrenaron en el teatro Martí, entre otras, El hijo de madame Butterfly, de Jorge Anckermann; Criollo verdá y María Belén Chacón, de Prats; Volando hacia La Habana o El príncipe carioca y Camina, de Roig. Al año siguiente se repuso Cecilia Valdés que, con Rita Montaner en el papel protagónico, alcanzó un éxito sin precedentes.

En 1938 Roig participó en la fundación de la Ópera Nacional, presentando las óperas Carmen, La Bohème, Lucia de Lammermoor, La Traviata, Tosca y Cavalleria rusticana. Musicalizó la película Sucedió en la Habana, de Ramón Peón, y se reincorporó al puesto de director de la Banda Municipal, que ocupó hasta su muerte.

En 1943, Roig dirigió un concierto de música cubana en el Carnegie Hall, de Nueva York, en el cual participaron Ernesto Lecuona y Esther Borja. En 1948 se llevó por primera vez a disco Cecilia Valdés, con Martha Pérez en el papel principal. Dirigió también, en el mismo año, la grabación de la zarzuela Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, que editó la firma Cafamo, con Martha Pérez, Maruja González y Panchito Naya.

En 1951 la Orquesta Filarmónica le dedicó un homenaje. En 1953 grabó el disco de larga duración In a Cuban Garden, que se editó en 1957. En 1954 dirigió la versión fonográfica de La viuda alegre, de Franz Lehar, editada por la casa RCA Victor, con Maruja González, Hernán Pelayo, América Crespo, Camilo de Rosillón, Francisco Naya y Antonio Palacios. En 1958 ejecutó la dirección orquestal en otra producción discográfica, con obras suyas, que cantaron las sopranos Esther Borja y América Crespo.

En 1962, para la televisión, condujo la orquesta en las óperas Rigoletto, La traviata y Aída, de Verdi; Fausto, de Gounod; Don Pascuale y Lucia de Lammermoor, de Donizetti; La Bohème, Madame Butterfly y Tosca, de Puccini; El barbero de Sevilla, de Rossini, y Las bodas de Figaro, de Mozart, entre otras. En los años siguientes continuó su labor como director en grabaciones y programas radiales y televisivos, así como en el teatro. Su zarzuela Cecilia Valdés fue repuesta en teatro y televisión con distintos elencos, y con variaciones introducidas por el propio maestro. En el papel de Cecilia se destacó Blanca Varela, a inicios de la década de los años 60, y en el umbral de la década siguiente, Alina Sánchez.

En 1969 hizo grabaciones al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Banda Nacional de Conciertos. Por última vez actuó en público el 27 de mayo de 1970, dirigiendo la Banda Nacional de Conciertos. Falleció el 13 de junio de 1970, a los 80 años. Días antes, había empuñado la batuta en un ensayo de la Banda Nacional, con Esther Borja en su criolla Nunca te lo diré, letra de Agustín Rodríguez, que la cantante había estrenado en 1950.

Dejó en herencia, junto a una considerable obra zarzuelera, canciones de concierto como Lloro aún al recordarte (1914), Ojos brujos (1918), Yo te amé (1923); Lamento negroide (1943) y Estás en mí (1956). También las suites instrumentales Mosaico musical cubano (1937), Fantasía cubana (1942), Fantasía sobre dos temas del Cocuyé (1944) y Hoy son día de Reyes (1955).

Tomado de En Caribe, enciclopedia de historia y cultura del Caribe.

Foto: Gonzalo Roig fue uno de los pocos directores cubanos de orquesta que dirigía con un tabaco en una mano y la batuta en otra. Tomada de Collection Paolo Jucker.

jueves, 11 de mayo de 2017

El drama del agua en el Oriente de Cuba


Cuando usted viaja de Camagüey rumbo a Las Tunas, por la añeja Carretera Central de dos carriles construida en 1930 por Gerardo Machado, el primer dictador después de instaurada la República, la abrumadora sequía que afecta con crudeza a la región oriental se nota a golpe de vista.

No es que el panorama del resto de la campiña cubana impresione por su verdor, los campos cultivados, extensos cañaverales o embalses que se desbordan de agua. Todo lo contrario.

El marabú es el rey desde la llanura matancera hasta la sabana camagüeyana. Las antiguas plantaciones citrícolas están abandonadas, no pocos bateyes azucareros son pueblos fantasmas y es raro ver a campesinos arando la tierra.

El ganado, la mayoría en los huesos, pastan hambrientos lo poco que encuentran y beben agua turbia en barriles de latón ennegrecidos partidos a la mitad. “Es raro el día que no se muera una vaca o un ternero por falta de pienso y agua”, dice Jesús, ganadero de una cooperativa en Guáimaro, Camagüey.

Pero en esa provincia aún se observan embalses a medio llenado y de vez en cuando, cae un aguacero de mediana intensidad. En la región oriental es diferente. La yerba, reseca y pálida, parece quemada por un soplete, y a gritos pide agua. Decenas de riachuelos se encuentran secos y varias presas están en nivel cero.

Armando cultiva boniato en un lindero a medio kilómetro de la vieja Carretera Central y a tiro de piedra de Manatí, en Las Tunas. Todas las mañanas, después de tomar café y prender un tabaco torcido a mano, mira al cielo en busca de una señal que presagie lluvia.

“La piel se me pone de gallina cuando miro esos sembrados patisecos y los animales con los ojos tristes como esperando la muerte. Si en esta primavera no llueve, el gobierno cubano tiene que pedir con urgencia ayuda internacional. Sin agua no hay vida”, opina Armando.

Damián, ingeniero hidráulico, cree que “si se extiende la sequía no sé de qué manera el gobierno buscará opciones para paliarla. No creo que tenga capacidad financiera y logística para aminorar sus consecuencias”.

Según Damián, el instituto de recursos hidráulicos, junto con instituciones científicas, mediante técnicas artificiales están 'sembrando' lluvias y reactivando pozos de agua subterránea. “Incluso se ha estudiado potabilizar el agua de mar. Cada noche rezo a Dios para que de los meses de marzo a octubre caigan registros considerables de lluvia. Si no, tendremos que decretar un SOS a los organismos internacionales”.

Los especialistas coinciden que la actual sequía en la Isla es una de las más severas en los últimos cien años. “No hay un factor, son varios, desde el cambio climático, que contra de lo que cree la nueva administración de Trump, no es un invento para asustar a los niños, es real y el alza de dos grados de temperatura a escala mundial está poniendo en situación de riesgo al planeta. A eso súmale los fenómenos del Niño y la Niña en la región del Caribe”, explica un meteorólogo de Las Tunas.

La sequía afecta a un 70 por ciento del territorio nacional. Y la mayor parte de los embalses están a un tercio de su capacidad o en números rojos. El déficit de agua perjudica a la agricultura, la ganadería y la población.

La provincia de peor situación es Santiago de Cuba, a 957 kilómetros al este de La Habana. Existen repartos de la ciudad donde el ciclo de agua es cada 45 días. A un costado de la terminal de trenes, en una edificación de hormigón, tejas acanaladas y tubos de aluminio que recuerda la arquitectura del realismo soviético, Sergio, un mestizo pasado de peso que maneja un taxi particular, cuenta cómo se puede sobrevivir sin apenas agua.

“Nagüe, la cosa está en candela. Vivo en Chicharrones, un reparto marginal donde lo habitual es beber chispa de tren y la gente suele fajarse a machetazos. Algunos, como es mi caso, hemos convertido la casa en un acuario y me busco un poco de dinero”, acota Sergio y añade:

“En la azotea y en el portal construí dos cisternas gigantes. Además tengo tres tanques de 200 galones en el interior de la vivienda. Así y todo, a veces tengo que comprar agua a los aguateros, quienes te llenan los tanques por 40 pesos. Esos tipos parecen cazadores de oro: abren huecos en cualquier parte en busca de pozos o manantiales de agua subterráneas sin explotar. Si la sequía se extiende otro año hay que pedir auxilio, al Papa, a Trump o al diablo. De lo contrario, tendremos que empezar a beber agua del mar”.

Muy cerca de la calle Enramada, justo en el centro de Santiago, reside Laura, una peluquera que almacena agua hasta en las tazas de café. “Ya no se puede caminar por la casa. Tengo tinajas, cubos, bañeras y cacharros llenos de agua. Es un fastidio la escasez de agua. Ya olvidé la última vez que me di una ducha. La gente anda con la ropa empercudida, porque no podemos lavarla con frecuencia. Si la sequía se extiende, los santiagueros emigraremos en masa pa' La Habana”.

Los dueños de negocios gastronómicos y de hospedaje privados han transformado sus domicilios en auténticas piscinas provisionales. Muy cerca de la Avenida Garzón, una familia con botellas de cerveza en la mano, de un equipo de audio escucha el reguetón Hasta que se seque el malecón, de Jacob Forever.

Por si fuera poca la escasez en Cuba, donde suele faltar desde el dinero hasta la comida, ahora el agua se suma a la lista de los artículos suntuarios. Si este año no llegan las lluvias, el malecón de Santiago habrá que desecarlo.

Iván García


lunes, 8 de mayo de 2017

Cuba, de sequía en sequía



En Cuba, más que llover sobre lo mojado, se vive de sequía en sequía.

Durante 2016 se lograron disminuir las pérdidas de agua hasta más de cien mil metros cúbicos e incrementar el nivel de obras hidráulicas certificadas. En tal sentido se debe seguir trabajando frente a la compleja coyuntura de la actual sequía que vive el país, dijo el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, durante el balance anual del Instituto de Recursos Hidráulicos (INRH) reportado por Juventud Rebelde.

El informe, presentado por Abel Salas, vicepresidente de la referida institución, señaló varias problemáticas que afectan la labor del INRH, como la falta de exigencia y objetividad en la gestión de los planes de trabajo, la mala planificación de las actividades en consonancia con los objetivos y la falta de una adecuada supervisión durante el proceso de inversión y mantenimiento, de acuerdo al órgano de prensa oficial.

En el encuentro se puso énfasis en temas de alta sensibilidad social, como el mejoramiento del tiempo de servicio del agua, la ampliación del tratamiento a los sistemas de abasto, la mejora del ciclo de limpieza de fosas y la certificación de la contabilidad y estados financieros.

Según se conoció, en 2016 los sistemas de acueductos suministraron agua a más de 2.800 asentamientos poblacionales, lo cual se traduce en un aproximado de 8.035. 000 personas, y a la vez evidencia un aumento total del 2,6 % con respecto a igual período de 2015.

También crecieron la colocación de tuberías y la producción de 3.720 kilómetros de tuberías de polietileno de alta densidad, los cuales ahorraron al país alrededor de 2,6 millones de pesos en moneda libremente convertible.

Yanet Triana Cobas, delegada del INRH en Santiago de Cuba, una de las provincias más afectadas con la actual sequía, explicó que la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60 en las zonas más críticas. Apuntó que se trabaja en la ejecución de conductoras e interconexiones emergentes, en un intento por solucionar esa necesidad de la población, de acuerdo al diario.

El problema con todos estos datos y cifras, es que año tras año se leen en la prensa y la situación continúa sin grandes mejoras. En enero de 2011, el periódico Granma señalaba la existencia de un “notable descenso” de los volúmenes acumulados en fuentes de abastecimiento subterráneas y superficiales, debido a la sequía de los últimos dos años y al mal funcionamiento de un acueducto “deteriorado por el paso del tiempo”.

“Por la gravedad de la contingencia, se valora la posibilidad de cortar el servicio a los que sobrepasen el consumo planificado, con una insistencia a reducir el consumo en el sector estatal y “sensibilizar” a la población para “extremar las medidas de ahorro”, advertía Granma.

Seis años más tarde se vuelve al mismo señalamiento de la necesidad de aumentar la “eficiencia” y de nuevo se menciona la “falta de exigencia” y la “compleja coyuntura”.

Para paliar la situación en 2011, el Gobierno cubano destaca la intención de construir varias conductoras para mejorar la entrega de agua, instalar válvulas, perforar pozos, rehabilitar las redes en mal estado, suprimir fugas en campos de pozos y grandes conductoras. Al igual que ahora, frente a la sequía de 2011 la prensa oficial enfatizaba un esfuerzo por parte del Gobierno para mejorar las redes de abastecimiento.

Pero tanto hoy como ayer ese afán resulta dudoso, por decir lo menos. Dudoso no por un afán ideológico de ver solo lo malo en Cuba, sino por un inevitable enfrentamiento con la realidad del país.

Es algo que viene ocurriendo año tras año.

Un cable de la agencia Associated Press, del 15 de mayo de 2007, informaba que las redes de acueductos, en particular las de la capital, serían rehabilitadas tras años de servicio ineficiente que incluso provocaba la pérdida de hasta el 55 % del líquido bombeado, de acuerdo lo publicado en los medios de prensa del país.

El programa, inaugurado por el entonces vicepresidente Carlos Lage la víspera, permitirá desde 2007 a 2011 la reparación en La Habana de unos 2.032 kilómetros de estas cañerías. El despacho cablegráfico señalaba que, para llevar adelante el plan, se contaba con un financiamiento de 60 millones de moneda libremente convertible y la participación de cuatro empresas ejecutoras: la Constructora de Recursos Hidráulicos, los contingentes Blas Roca Calderío y Raúl Roa y Aguas de La Habana.

La información también añadía que los escapes de agua y las viejas cañerías son uno de los principales problemas que enfrenta la Isla, pues el líquido no llega a los hogares y se desperdicia, mientras los periodos de sequía afectan este recurso limitado. En igual sentido, agregaba que la rehabilitación se extendería hasta las provincias de Las Tunas, Camagüey y Holguín.

Ahora aparece en Juventud Rebelde que “la llegada del agua a los hogares puede oscilar entre 16 y 25 días, y llega hasta 60” en algunas zonas de Santiago de Cuba.

Pues bien, ¿dónde están las reparaciones, los millones invertidos y las empresas ejecutoras? Porque hasta ahora lo único cierto en ambas informaciones de prensa es que hay sequía, salideros y que no hay agua.

Si en 2007 alguien pudo tener esperanza de que para 2011 el problema podría estar aliviado al menos en parte, ahora, en 2017, se enfrenta a la realidad de que la situación persiste.

Hay una forma efectiva con la que se desenmascara a la prensa oficial cubana, respecto a las mentiras, medias verdades y manipulaciones que, sobre la situación nacional, se publican a diario, y es simplemente comparando las informaciones de hoy con las de un tiempo atrás.

En un reportaje del 21 de enero de 2011, al tiempo que se señala que en el plan de inversiones aprobado para ese año se habían destinados catorce millones de pesos para la ejecución de diversas obras dirigidas a mitigar el efecto de la sequía sobre el estado de las fuentes y la distribución de agua, no aparecía el menor intento de analizar los posibles resultados y lo que significa ese plan de inversiones. Tampoco de señalar que las cifras de inversiones resultaban insuficientes en extremo frente al problema existente. Tales deficiencias pueden señalarse respecto a lo publicado en Juventud Rebelde.

De forma sistemática, la prensa oficial sigue ocultando información o dándola a conocer a medias. Que aparezcan con cierta frecuencia reportajes e informaciones que señalan algunos de los problemas que sufre la población cubana resulta un avance, pero se trata de una simple gota en un océano de despilfarro, mala organización y desidia.

Cubaencuentro, 17 de marzo de 2017.
Foto: Haciendo cola para llenar vasijas de agua potable en Bayamo, capital de la provincia Granma, a unos 740 kilómetros al este de La Habana. Tomada de Cubaencuentro.

jueves, 4 de mayo de 2017

Delación ciudadana es un arte en Cuba


Hace siete años, cuando el rugido de los vientos de un huracán asolaba La Habana y el agua se le filtraba a Lisván, trabajador privado, por la puerta sin cristales de la sala de su hogar, un apartamento de paredes ennegrecidas que con urgencia necesitaba una reparación a fondo, la situación de su vivienda no le interesaba a los delatores habituales de la cuadra donde reside.

“Cuando comencé a tener éxito en mi negocio y pude remozar el apartamento, desde el sistema eléctrico, plomería, pisos nuevos, pintar todas las habitaciones hasta enrejar las ventanas y el balcón, empezaron las denuncias. Lo que en otro país es un orgullo que un ciudadano pueda dejar atrás la pobreza y mejorar su calidad de vida, en Cuba, entre no pocos vecinos del barrio, eso despierta tanto resquemor y envidia que los lleva a realizar delaciones anónimas", dice Lisván.

Tantos años de control social por parte del régimen ha transformado a un segmento de cubanos en personas acomplejadas y con doble moral. "Y sinvergüenzas al cubo", añade Lisván. Y cuenta que “hace dos años, cuando estaba poniendo un piso nuevo, mi esposa me traía las cerámicas en un transporte de su empresa, autorizada por su jefa. Pero una vecina, ahora en silla de ruedas y casi ciega, llamó al DTI para denunciarme, acusándome de tráfico de materiales de construcción".

Por suerte, Lisván tenía los papeles de las lozas, compradas en pesos convertibles en una tienda estatal recaudadora de divisas. Pero la denuncia provocó que a su esposa le quitaran el auto que manejaba. En días recientes, mientras le colocaban una reja al balcón, para resguardarse de los robos, un vecino llamado Servilio, lo denunció a la oficina de la vivienda, por cambiar la fachada del domicilio y a la empresa eléctrica por presuntamente utilizar electricidad del servicio público. "El tiro le salió por la culata, pues todo estaba en regla, y los propios inspectores me dieron el número telefónico del denunciante, que por cobardía lo hizo de manera anónima”, concluye Lisván su historia.

Según Fernando, instructor policial, las denuncias anónimas son frecuentes en el departamento de investigación donde trabaja. “Gracias a esas denuncias comenzamos a investigar casos como el del reguetonero Gilbert Man, que defraudó cientos de miles de dólares en Estados Unidos. La gente informa sobre cualquier cosa: una fiesta que les parece suntuosa, alguien que compró carne de res en el mercado negro o una persona que a diario bebe cerveza y no trabaja. Es demencial. La chivatería en Cuba a veces llega a los extremos”.

Cuando se le pregunta por las causas que motivan la chivatería, esquiva el bulto. “Por envidia o manía de denunciar. Casi siempre esas personas están resentidas y frustradas y suelen vivir pobremente o tienen muchas necesidades materiales. Y no pocas veces el denunciante también comete ilegalidades”, confiesa el instructor policial.

Carlos, sociólogo, considera que la delación a gran escala, como durante décadas ha ocurrido en Cuba, es materia de estudio para especialistas. “Pero en los últimos tiempos, con la apatía generalizada de la población por la ineficacia del sistema, la crisis económica dilatada y la falta de libertades económicas y políticas, si los comparamos con los años 60, 70 y 80, la delación ha disminuido". Y agrega:

“Es cierto que en sus inicios la revolución fue fuente de derecho. Pero también destrozó en pedazos tradiciones arraigadas y comportamientos sociales. Fidel Castro catapultó la delación en nombre del imperialismo yanqui, de los enemigos de clase y como forma de proteger la revolución", señala Carlos.

En Cuba, los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) son la base de la vigilancia colectiva en las cuadras y barriadas de los 168 municipios existentes en la Isla. Los Comités lo mismo ofrecen información al Departamento de Seguridad del Estado sobre un disidente, que elevan a categoría de 'informe secreto' chismes infundados o infidelidades de pareja.

"En este siglo XXI, donde se han acrecentado las desigualdades, los fidelistas más intransigentes que aún se localizan en cuadras y barrios, continúan con las denuncias. Se mezclan varias cosas, desde bajas pasiones a inadaptación a los nuevos tiempos que corren. Pasarán años para que esa nefasta costumbre desaparezca”, resume el sociólogo habanero.

Diana, ingeniera, recuerda la etapa en que el Estado otorgaba una semana de vacaciones en la playa, un televisor, un ventilador o una cafetera. “Las broncas solariegas que se armaban en las asambleas sindicales, para decidir quien debía ser premiado, eran de coger palco. Daba vergüenza. Aquellos lodos han traído estas aguas”.

Es probable que en Cuba, si apostamos por la democracia y tenemos la suerte de elegir buenos gobernantes, salgamos adelantes en el terreno económico y el país comience a desarrollarse y progresar.

Pero el daño que la delación, con el visto bueno de la autocracia verde olivo, ha hecho a la sociedad cubana es antropológico. Recuperar un puñado de valores interpersonales tardará tiempo. Quizás una década. O más.

Iván García
Caricatura tomada de Latin American Studies.

lunes, 1 de mayo de 2017

Fidel Castro, de dictador a estrella hiperrealista en Hong Kong



Una pieza de arte hiperrealista que se copia los rasgos del fallecido exgobernante cubano Fidel Castro se ha convertido en una de las principales atracciones del Art Basel Hong Kong de 2017, reportaron varias agencias de noticias.

Aunque la exposición no está abierta al público, coleccionistas de todo el mundo aprovechan para hacerse selfies con quien fuera considerado el dictador más longevo del hemisferio occidental.



Shen Shaomin, artista chino-australiano, es el responsable de la colección que incluye a Castro y a otros cuatro superhéroes del comunismo: Mao Zedong, Vladimir Lenin, Kim Jong-il y Ho Chi Minh, que se presentan ante el público en ataúdes de vidrio.

Castro fue el único que no fue tapado con el cristal, de forma que los visitantes pueden interactuar con la estatua.



El Art Basel asiático, que lidera el mercado del arte contemporáneo en Asia, se está consolidando como uno de los grandes eventos del arte mundial.

En la edición de 2017, 242 galerías de 34 países conforman la puesta en escena de la muestra en Hong Kong, con el objetivo de superar el récord conseguido el año anterior, de 70 mil visitantes.



“Este año sigue siendo fuerte para nosotros, hemos tenido una gran acogida por parte de coleccionistas y esperamos un lleno absoluto”, dijo en rueda de prensa la directora de la edición hongkonesa, Adeline Ooi.

Cubaencuentro, 22 de marzo de 2017.